viernes, 9 de septiembre de 2011

Empieza el día como el hielo, frio y seco.
Empieza el día, nada nuevo, mismo teléfono, mismo perro.
Empezó el día, con su olor a nuevo, de a poco mató los recuerdos, no miró las agujas del reloj, para no saber donde estoy, me pierdo en mi propia mentira. Alguien toca la puerta.
Empezó el día con su luz y con su sombra, con sus antes y sus después, con su llanto y su dolor, con su maldición bendita, y  su ruido ensordecedor.
Siguió el día, rompió con su color ancestral, brilló con su poder infernal, atravesó los muros de la conciencia y la razón, se hundió en la parte blanda del corazón, dejo su inconfundible marca en un hueco y se marcho sin decir adiós, ladró el perro.
Siguió el día, salida a la vida, absorción del capitalismo dirigido a mi generación, miro desconcertado, la gente pasa a mi lado, algunos se percatan de mi condición, otros no, mejor así, sin ´´fama pero sin gloria sabes´´, escuche alguna vez.
Termino el día, escombro sobre escombro, se acumula el cansancio en los hombros, sol tras sol, se me van curtiendo las ideas, se van concentrando las memorias, ya no hay mas historias nuevas, solo anécdotas, ya no hay mas tardes de matar dragones, ya no quedan. Suena el teléfono.
Termino el día, como se acaban las mentiras, alguien quiso escapar y le falló la huida, miro en su conciencia perdida, alguna idea vaga, pero solo encontró la realidad, apuntándole con su espejo, y se encandilo, con el reflejo, perdió los estribos, y se perdió. Me gana el sueño, duermó.

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